ИЛЬЯ ЧЛАКИ - EXPRIMIDOR (Соковыжималка)

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              И Л Ь Я   Ч Л А К И

    EXPRIMIDOR (Соковыжималка)

     

    Traducido del ruso por Alberto García Samsonov

     


    Personajes:

     

    Zoya Fiódorovna

    Piotr Vasílievich (diminutivo cariñoso: Petia, Pétienka)

    Galia, su hija (diminutivo cariñoso: Gálochka, Galchónok)

    Alexandr (diminutivo cariñosos: Sasha, Sanyok, Shurka, Sashka), su marido

    Irina Antónovna (diminutivo: Ira), madre de Alexandr

    Víctor Serguéievich, padre de Alexandr

     

     

    La cocina de la casa. Zoya Fiodorovna está cocinando. Piotr Vasilievich está leyendo un periódico. Entra Alexandr.

    ALEXANDR: Buenos días, mamá.

    No hay respuesta.

    ALEXANDR: Buenos días, mamá.

    Zoya Fiodorovna sigue sin responder.

    ALEXANDR: ¿Está Vd. enfadada conmigo?

    Zoya Fiodorovna permanece callada.

    ALEXANDR: ¿No quiere hablarme? Vale, pues, ¡allá Vd.! (Se va).

    ZOYA FIODOROVNA: Petia, ¿le has oído a ese caradura?

    Piotr Vasilievich sigue leyendo el periódico en silencio.

    ZOYA FIODOROVNA: ¡Petia!

    PIOTR VASILIEVICH: Si.

    ZOYA FIODOROVNA: ¿Qué te ha parecido?

    PIOTR VASILIEVICH: ¿Qué?

    ZOYA FIODOROVNA: ¿Cómo qué? ¿Le has oído?

    PIOTR VASILIEVICH: Si, le he oído y me ha gustado mucho.

    ZOYA FIODOROVNA: ¿Qué?

    PIOTR VASILIEVICH: ¿Qué?

    ZOYA FIODOROVNA: ¿Qué es lo que te ha gustado?

    PIOTR VASILIEVICH: ¿A mí? Nada. ¿Por qué dices eso de que me ha gustado algo?

    ZOYA FIODOROVNA: ¿Yo? Tú mismo lo acabas de decir…

    PIOTR VASILIEVICH: ¿Yo acabo de decir que me ha gustado algo? Tú lo has escuchado mal.

    ZOYA FIODOROVNA: Lo he escuchado muy bien. Te entiendo perfectamente. Lo único que te importa es tu periódico. Lo demás te trae sin cuidado. Te importa un pepino que aquí y ahora me hayan ofendido e insultado y encima ¡delante de tus narices! Pero, claro, el periódico es más importante, claro. ¡Tú periódico significa más para ti que mi salud, que yo misma!

    PIOTR VASILIEVICH: Cálmate, Zoya. Tomate valeriana. Te alteras por nada.    

    ZOYA FIODOROVNA: ¡Valeriana! ¡Tu valeriana me da nauseas! Cada día –
    un frasco (se echa un poco de valeriana en un vaso y se la toma). ¡Qué tontería! ¿Cómo pude tomar tanta valeriana?

    PIOTR VASILIEVICH: Deberías de tomarlo todo con calma, mujer.

    ZOYA FIODOROVNA: Lo único que puedes decir es eso: “más calma”. ¿Cómo no te hartas de repetirlo tanto? ¡Treinta años lo mismo! ¡Treinta años, que no es ninguna broma!

    PIOTR VASILIEVICH: ¡Pues, anda que tú...! No te cansas tampoco de tomar valeriana tanto tiempo.

    Zoya Fiodorvna se vuelve hacia la placa, Piotr Vasilievich lee el periódico.
    Entra Galia.

    GALIA: ¿Qué es lo que ha pasado aquí?

    ZOYA FIODOROVNA: Pues, verás, tu papá…

    GALIA: ¿Qué le has dicho esta vez a Sasha?

    ZOYA FIODOROVNA: He estado callada.

    GALIA: ¿Acaso es tan difícil llegar a un acuerdo? ¿Por qué le has ofendido? ¡El pobre hombre solo quería hablar contigo y tu ni caso!

    ZOYA FIODOROVNA: También esta mañana ha querido hablar conmigo.

    GALIA: Ha querido disculparse por lo de esta mañana.

    ZOYA FIODOROVNA: Pues, no lo ha parecido.

    GALIA: Naturalmente. Tú ni siquiera le has mirado. Ya no te digo de dirigirle la palabra.

    ZOYA FIODOROVNA: Os estoy haciendo una sopa.

    GALIA: A nosotros, a todos.

    ZOYA FIODOROVNA: Pero, a vosotros primero. Yo puedo aguantar.

    GALIA: ¡Nosotros también!

    ZOYA FIODOROVNA: Acaso, ¿no queréis que cocine?

    GALIA: ¡Haz lo que quieras!

    ZOYA FIODOROVNA: ¡No hables así a tu madre!

    GALIA: ¡Mejor así que callarse como lo haces tú!

    ZOYA FIODOROVNA: Galia, pero ¿qué dices? Piensa antes de decir nada. ¡Cómo no se te cae la cara de vergüenza!

    GALIA: Si, me da vergüenza, y mucha… ¡tu actitud, mamá! (Sale).

     ZOYA FIODOROVNA: ¡Dios mío! Petia, ¿tú lo has oído?

    Piotr Vasilievich sigue leyendo.

    ZOYA FIODOROVNA: ¡Petia!

    PIOTR VASILIEVICH: ¿Qué?

    ZOYA FIODOROVNA: Claro, no has oído nada. ¡Pues, acaba de estar aquí tu hija! ¡Y se ha puesto del lado del marido! Y fíjate, a ese hombre, que esta misma mañana me ha dicho de todo y tanto que todavía no consigo calmarme… ¡Y a ese hombre lo defiende con uñas y dientes contra su propia madre!

    PIOTR VASILIEVICH: No digas tonterías, mujer.

    ZOYA FIODOROVNA: ¿Tonterías? Dame valeriana. (Coge el frasco de valeriana, se echa un poco). Tonterías serán para ti, sin embargo yo trabajo solo para cubrir los gastos de la farmacia.

    PIOTR VASILIEVICH: Tranquilízate.

    ZOYA FIODOROVNA: Otra vez tú y tu “tranquilízate”. Allá tú con tu periódico, lee. ¡No te voy a molestar más! ¡Es que a ti te da igual lo que pasa en nuestra casa!

    PIOTR VASILIEVICH: No es así, Zoya.

    ZOYA FIODOROVNA: Tú no ves nada más allá de tu periódico.

    PIOTR VASILIEVICH: Si el periódico lo acabo de coger, mujer.

    ZOYA FIODOROVNA: Si, y ¡ya no significo nada para ti!

    PIOTR VASILIEVICH: ¿Cómo iba a saber que tú empezarías a armarla precisamente en ese mismo momento?

    ZOYA FIODOROVNA: Entonces según tu, soy yo la que siempre echa bronca sin motivo. ¿Quieres decir que no tengo razón?

    PIOTR VASILIEVICH: No, no. ¡Qué va! Claro que tienes razón.

    ZOYA FIODOROVNA: ¡El periódico! ¡Un día te desprenderás de él y te asombrarás al saber que ya me enterraron!

    PIOTR VASILIEVICH: ¡O Dios!

    Piotr Vasilievich vuelve a mirar el periódico. Zoya Fiodorovna se vuelve hacia la placa de cocina.
    Alexandr entra corriendo a la cocina.

    ALEXANDR: Yo sé, Zoya Fiodorovna, que Vd. no me quiere, que no me aguanta. No le gusta que yo sea el marido de su hija, pero le diré una cosa. Vivimos aquí por necesidad, pero esto no va a durar mucho. No se preocupe, pronto alquilaremos un piso o una habitación y nos iremos, ¡aquí no nos quedaremos! Sin embargo, mientras vivimos aquí, ¡le ruego que no se meta con mi mujer! De mí ya no le digo nada. Estoy acostumbrado. ¡Y qué puedo esperar yo cuando su propia hija llora cada día por su culpa de Vd.! (Se precipita hacia la salida).

    ZOYA FIODOROVNA (le grita por la espalda según se marcha). ¡Un día si, y otro no, jovencito! ¡Un día posiblemente por mi culpa, pero más – por la vuestra! ¡Descarado!

    Alexandr se asoma por la puerta de la cocina.

    ALEXANDR: Si les molestamos tanto, podemos irnos. ¡Hoy mismo!
    (Sale).

    ZOYA FIODOROVNA: ¡Petia, yo no puedo más!

    Piotr Vasilievich lee el periódico.

    ZOYA FIODOROVNA: ¡Petia!

    Piotr Vasilievich se levanta y se va.

    ZOYA FIODOROVNA: ¡Claro, todo por mi culpa! ¡Tú no tienes nada que ver nunca! ¡Y yo sola me como todo el marrón! ¡También yo puedo irme de esta casa! La dejo a vuestra disposición. ¡Me voy a otra ciudad! Me iré para siempre, Sasha! Y puede que solo entonces cuando me vaya os deis cuenta de todo. ¡Pero me temo que antes, metáis mi cuerpo sin vida en un ataúd, mis queridos hijos!

    Entra corriendo Galia.

    GALIA: ¡Mamá, como puedes decir eso! ¿Para qué lo dices? ¿Acaso piensas que te queremos muerta? ¡Mamá, es ridículo!

    ZOYA FIODOROVNA: No, no es nada ridículo, Galochka, en absoluto. Os desharéis de mi muy pronto, no me queda mucho.

    GALIA: ¡Mamá!

    ZOYA FIODOROVNA: ¿Qué mamá, ni que mamá? Yo nunca me imaginé que tuviera una hija así. Creía que me querías, pero tu…...

    GALIA: Mamá, te quiero mucho.

    ZOYA FIODOROVNA: Así no se quiere, hija mía. Le permites a Sasha, al que, por cierto, trato siempre bien, hacer lo que le da la gana. Pero yo no soy tan fuerte. Yo no puedo seguir así.

    GALIA: Pero vamos a ver, ¿quién tiene la culpa? ¿Cómo ha empezado todo?

    ZOYA FIODOROVNA: Pues, ha empezado cuando ha venido tu marido, nuestro Sasha, y yo, que estaba de tan buen humor…

    GALIA: Ni siquiera le has querido decir “Buenos días”.

    ZOYA FIODOROVNA: Yo pensaba en vosotros, iba a haceros un regalo, pensaba la forma más agradable de entregaroslo.

    GALIA: Pues, lo has conseguido.

    ZOYA FIODOROVNA: Pero, por lo visto, no puede ser. Aquí lo tienes, cógelo, es vuestro.

    Zoya Fiodorovna saca el exprimidor de fruta de un cajón de la mesa.

    ZOYA FIODOROVNA: Este exprimidor de fruta os recordará a mí. (Se dispone a marcharse).

    GALIA: ¡Mamá, espera, mami! Vale, nos hemos equivocado, pero admite que tú también…

    ZOYA FIODOROVNA: Ya no tiene importancia.

    GALIA: Tranquilízate, mami.

    ZOYA FIODOROVNA: Estoy tranquila, Galchonok. Absolutamente tranquila, hasta el punto de meterme en un ataúd.

    GALIA: ¡Mama!

    ZOYA FIODOROVNA: Es posible que fuese mala madre, perdóname. Quiero morir. (Sale).

    GALIA: ¡Mama! ¡Dios mío! ¡Sasha, Sasha!

    Entra Alexandr.